Festival Rock al Parque 2025

Lugar: Parque Simón Bolívar – Bogotá
21, 22 y 23 de junio de 2025
Fotos y videos: Alfredo Sánchez Aguilar (Cuarta Dimensión Prensa), Cristina Restrepo y Andrés Pérez B
Texto: Andrés Pérez B.
Organizado por: Idartes

Video Reseña

El Simón Bolívar Rugió

La versión 29 de Rock al Parque contó con la participación de 27 agrupaciones internacionales, 6 bandas nacionales invitadas, 20 seleccionadas por convocatoria y 3 invitadas distritales, para un total de 56 bandas en escena. Más de 350 músicos hicieron vibrar, saltar, gritar y poguear a 253 mil personas a lo largo de tres intensos días de música, energía y diversidad sonora en el corazón de Bogotá. Un espacio donde las generaciones se encontraron, las identidades musicales se reafirmaron, las nuevas voces fueron escuchadas y los procesos locales hicieron gala con sus presentaciones.

Una primera jornada marcada por la intensidad, la diversidad y la catarsis colectiva

Como ya es tradición, la jornada inaugural de Rock al Parque estuvo dedicada a los sonidos más extremos, especialmente en el escenario Plaza, que vibró con la potencia del metal nacional e internacional. Desde las primeras horas, el público fue testigo de una descarga sonora implacable, encabezada por bandas icónicas del metal colombiano como Herejía, Tenebrarum y Reencarnación, quienes reivindicaron su lugar en la historia del género en el país.

Uno de los momentos más memorables fue protagonizado por Katon W. De Pena, vocalista de la legendaria banda estadounidense Hirax, quien al final de su presentación se bajó de la tarima y se lanzó al público en un acto de comunión total con la multitud. También se vivió el regreso de Devasted, que por segunda vez pisó el escenario de Rock al Parque con una presentación sólida y demoledora.

La oscuridad y teatralidad llegaron de la mano de Belphegor, una de las propuestas más extremas del black/death metal austríaco. Su puesta en escena, cargada de simbolismo y brutalidad, fue una experiencia sensorial intensa. El acto que les siguió, Somberspawn, mantuvo la tensión al máximo, preparando al público para el cierre magistral de Dismember, leyenda sueca del death metal, quienes ofrecieron un show crudo, directo y sin concesiones: death metal escandinavo en su forma más pura.

En el escenario Bio, la jornada arrancó con Mortalem, que presentó su nueva alineación en una presentación renovada. Le siguieron Okinawa Bullets, y desde Chile llegó Mawiza, una propuesta de groove metal que integró elementos visuales inspirados en la cosmovisión mapuche, aportando una dimensión cultural y política a su música. La cuota femenina del día brilló con fuerza gracias a las agrupaciones capitalinas Sin Pudor y Polikarpa y sus Viciosas, dos exponentes del punk combativo que encendieron al público con su actitud frontal y letras contestatarias.

El cierre del escenario Bio estuvo a cargo de dos potentes propuestas internacionales: Parabellum, desde España, y los veteranos argentinos de A.N.I.M.A.L, quienes ofrecieron una descarga contundente de groove metal, compromiso social y fuerza escénica.

Mientras tanto, en el escenario Eco se vivieron otros momentos memorables. Se presentaron dos bandas distritales como Dead Silence y Keep the Rage, Rain of Fire, desde Tuluá, quienes sorprendieron con su metal melódico de alta factura, fusionando voces limpias y guturales con técnica instrumental y letras profundas que abordaron el caos, la introspección y la esperanza.

Uno de los shows más impactantes de la jornada fue el de Cemican, desde México, quienes ofrecieron un espectáculo ritualista que fusionó metal con estética y elementos prehispánicos. Finalmente, Black Pantera, desde Brasil, debutó en Rock al Parque con un show arrollador, cargado de energía, groove, hardcore y un mensaje potente contra el racismo, la exclusión y la violencia. Su propuesta de afro-punk con contenido político conectó especialmente con el público joven, consolidándolos como una de las grandes revelaciones del día.

Una avalancha de propuestas sonoras

El domingo celebró la riqueza del rock latinoamericano, con una jornada que vibró al ritmo de nuestras raíces y reafirmó la fuerza de crear y cantar en nuestro propio idioma. El día lunes y cierre del festival fue una exposición de sonidos alternativos hispanohablantes, coronada por una descarga de hardcore punk tan intensa y catártica que marcó un antes y un después en la historia de Rock al Parque. 

Una decisión acertada

El festival no se trata solo de ver bandas en vivo, sino de vivir una experiencia integral en torno a la cultura del rock. Una parte fundamental de esa vivencia fue la Zona de Arte y Emprendimiento, que reunió propuestas independientes con artículos, diseños y creaciones que reflejan la identidad visual, estética y contracultural del universo rockero.

En esta edición de Rock al Parque, los stands fueron ubicados mucho más cerca de los tres escenarios principales, una decisión acertada que permitió una mayor interacción del público con los emprendimientos, a diferencia de versiones anteriores en las que esta zona se encontraba más alejada del núcleo del festival.

Aspectos por mejorar

Un punto que generó inconformidad entre varios asistentes acreditados fue la logística relacionada con el acceso de medios de comunicación a las tarimas. Resulta lamentable que periodistas, fotógrafos y camarógrafos tuvieran que dar largas vueltas para desplazarse del escenario Plaza al Bio, a pesar de que en ediciones anteriores era posible hacerlo de manera directa a través del sendero que conectaba ambos espacios.

Esta situación no solo dificultó el cubrimiento fluido de los conciertos, sino que también impactó negativamente el acceso a las ruedas de prensa, que requerían el mismo tipo de desplazamiento innecesario. Un ajuste en este aspecto sería clave para facilitar la labor de los medios y optimizar la cobertura del festival.

Otro aspecto a mejorar es la considerable distancia entre la tarima del escenario Plaza y el público. Esta ha sido una queja constante por parte de los asistentes en varias ediciones, ya que genera una desconexión innecesaria entre los artistas y la audiencia, restándole intensidad y cercanía a la experiencia en vivo.

Una situación similar se presentó en el escenario Bio, donde se dejó un amplio espacio entre la tarima y la primera valla de contención. Este sector, que permaneció prácticamente vacío, hubiera sido ideal para ubicar a los medios de prensa. En lugar de eso, fotógrafos y camarógrafos fueron ubicados detrás de la valla principal, lo que limitó su visibilidad y acceso, obligándolos a trabajar desde un extremo del escenario. Ajustar este tipo de disposiciones mejoraría notablemente la cobertura y la experiencia tanto para los medios como para el público.

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