Lugar: Jersey Salón de Eventos – Bogotá
1 de junio de 2025
Fotos, videos y textos: Alfredo Sánchez Aguilar – Cuarta Dimensión Prensa.
Para: Oráculo Magazine
Organizado por: Licantropía
LICANTROPÍA: DISTOPÍA Y EL AULLIDO DE LA MANADA METALERA
El lanzamiento del nuevo álbum de Licantropía fue más que un concierto: una ceremonia de fuego, hermandad y devastación que unió lo mejor del metal extremo colombiano.
La noche del domingo 1 de junio de 2025 en el Salón de Eventos Jersey, en Bogotá, fue testigo de un acontecimiento que resonará largo tiempo en la memoria de la escena extrema nacional: el lanzamiento de «Distopía», el nuevo trabajo discográfico de Licantropía, una agrupación que lleva tiempo construyendo su camino con una propuesta sólida y coherente dentro del metal extremo colombiano. La velada, programada para iniciar a las 7:00 p.m., comenzó hacia las 10:00 p.m., una demora que impactó la experiencia general y que, aunque común en nuestra escena, no debería ser normalizada.
Pese a ello, lo que ocurrió en el escenario fue una demostración de hermandad, potencia y fidelidad a una cultura musical que sigue en pie, resistiendo y renovándose.
Jitoma Safiama: metal ritual desde las raíces del mundo
La primera banda en ascender al escenario fue Jitoma Safiama, quienes rompieron el hielo con una propuesta que desborda misticismo y ancestralidad. Su sonido se sitúa dentro del metal ritual o ancestral, una amalgama entre elementos del doom, atmósferas tribales y estructuras propias del black metal atmosférico. Desde el primer tema, la banda generó una atmósfera hipnótica, casi chamánica, donde la percusión profunda y los riffs repetitivos actuaban como mantras de invocación.
La voz principal, cruda y cavernosa, se entrelazaba con cantos ancestrales y momentos de spoken word que daban la sensación de estar frente a una ceremonia más que un concierto. Jitoma Safiama no busca agradar; busca confrontar, despertar memorias primigenias. Y lo lograron. Su propuesta es única dentro del circuito colombiano y merece atención por su carácter espiritual y contracultural.
Egaheitor: técnica, oscuridad y legado
Los segundos en aparecer fueron los ya legendarios Egaheitor, una banda con más de dos décadas de trabajo dentro del death metal técnico y el blackened death. Su sonido es afilado y oscuro, cargado de cambios de tempo, riffs intrincados y una base rítmica que golpea como maquinaria bélica. Desde su primer acorde, la banda impuso un nivel técnico altísimo, lo que generó respeto inmediato en el público.
La voz del vocalista es una fusión entre el growl clásico del death y algunos gritos agudos que evocan influencias del black metal escandinavo, generando una dualidad sonora muy bien lograda. Egaheitor es una banda que no necesita adornos escénicos: su presencia radica en la fuerza de su ejecución. Impecables en cada tema, ofrecieron una clase magistral de metal extremo con identidad.
Murmur: caos ritual y demonios desatados
Cuando Murmur subió al escenario, el ambiente ya estaba cargado. Provenientes de Medellín, su propuesta es un black/death metal feroz, con tintes war metal y una clara influencia de la vieja escuela. Su sonido es crudo, rápido y visceral. La batería golpea con violencia calculada, los riffs son caóticos pero estructurados, y la voz —una mezcla de guturales fangosos y alaridos de ultratumba— parece brotar de un pozo sin fondo.
El momento culminante de su presentación llegó cuando el bajista se colocó una máscara demoníaca, acto simbólico que detonó una reacción inmediata del público. Las sillas volaron, el público se puso de pie, y estalló un mosh salvaje, brutal y sincero. Fue el instante más explosivo de la noche, un momento donde la música dejó de ser un espectáculo y se convirtió en una catarsis colectiva. Murmur no solo tocó: invocó.
Licantropía: el rugido de la manada
Finalmente, fue el turno de Licantropía, quienes celebraban el lanzamiento de su nuevo álbum «Distopía», un trabajo que parece marcar un punto de madurez y consolidación en su carrera. Su propuesta mezcla elementos del black metal melódico, pasajes densos cercanos al post-metal y una lírica cargada de crítica social, desesperanza urbana y mitología licántropa. Un concepto bien desarrollado tanto en lo musical como en lo visual.
Desde el primer tema dejaron claro que esta noche era suya. La ejecución fue fuerte, precisa y con un alto grado de organización, lo que habla muy bien de su compromiso con el proyecto. La voz del vocalista —aguda, desgarradora, casi licuada en desesperación— encontró su sitio entre guitarras envolventes y una batería seca pero contundente. Las transiciones entre temas fueron fluidas, sin pausas innecesarias, lo que mantuvo la intensidad en su punto más alto.
Licantropía agradeció a las bandas y al público, remarcando la importancia de la hermandad en el metal, y lo hicieron no como cliché, sino desde la emoción genuina de saberse parte de algo más grande. Desde Oráculo Magazine les deseamos todo el éxito en la promoción de «Distopía», un álbum que, sin duda, merece ser escuchado, revisitado y reflexionado.
Ausencia obligada: Socavón
Por motivos de tiempo y organización, no fue posible asistir a la presentación de Socavón, banda histórica de Tunja con 30 años de trayectoria en el metal colombiano. Somos conscientes de su valor y legado en la escena, y ofrecemos nuestras disculpas públicas. Sabemos que, como siempre, ofrecieron un show demoledor y con la experiencia que solo otorgan tres décadas de persistencia y creación.
Conclusión: entre la fuerza y la autocrítica
El evento fue, sin lugar a dudas, una manifestación poderosa de lo que significa el metal en Colombia: resistencia, comunidad, arte, caos y redención. Sin embargo, también es necesario decirlo: la falta de puntualidad resta profesionalismo y limita la cobertura mediática de estas expresiones. No se trata solo de horarios, sino de respeto por la música, por las bandas, por los técnicos y, sobre todo, por el público.
Desde Oráculo Magazine agradecemos profundamente a todas las bandas participantes, al público que nunca deja de apoyar y al Salón de Eventos Jersey por brindar un espacio a este tipo de manifestaciones sonoras. Que la manada siga creciendo. Que el metal siga rugiendo. Y que la distopía sea siempre sonora, nunca real.
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